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Jesucristo, el centro de las profecías - Devocional 17 de Enero


Lectura semanal - Evangelio de Mateo capítulos 2 al 4


TEXTO DEL DÍA


"Y él, despertando, tomó de noche al niño y a su madre, y se fue a Egipto,

 y estuvo allá hasta la muerte de Herodes; para que se cumpliese lo que dijo el Señor por medio del profeta, cuando dijo: De Egipto llamé a mi Hijo." (Mateo 2: 14, 15)

 

Por: Benito Montas

 

Existe una relación notable entre la ida y salida de Egipto de parte de Israel y de parte de Jesús. Cuando Mateo cita de Oseas 11:1 la frase De Egipto llamé a mi hijo, lo hace indicando que el cumplimiento cabal de esta expresión tuvo lugar en el caso de Jesús, si bien la nación de Israel era conocida como “hijo de Dios” (Exo. 4:22; Jer. 31:9). Otro ejemplo de esta doble referencia se encuentra en Isaías 42–53, donde la primera referencia es a la nación de Israel como “siervo de [Yahweh], pero la segunda referencia es a la venida del Mesías, el verdadero “Siervo de [Yahweh]”.*

 

Ciertamente es indudable que Jesucristo es el centro de toda la biblia, y en especial de todos los tipos proféticos, la nación de israel en su ida a Egipto en busca de no morir de hambre, representó la forma en que Cristo mismo tendría que ser llevado a Egipto para ser luego llamado por Yahweh desde Egipto. 

 

Es por eso que un evangelio sin Jesucristo no tiene eficacia. No importa lo carismática de la predicación, si no está centrada en Jesucristo y enraizada en las escrituras que apuntan a nuestro Señor, de nada valdrán las palabras, será ineficiente, no producirá fe verdadera, podría llegar a ser más un engaño que la verdad de las escrituras. La eficacia de la palabra de Dios es precisamente que el Espíritu Santo nos hablaría de Cristo, por medio de las escrituras que fueron inspiradas a través de Él, para apuntarnos hacía Él, a Jesucristo, por que de Él, por Él y para Él, son todas las cosas. (Romanos 11:36)

 

 

 

 

* Carro, D., Poe, J. T., Zorzoli, R. O., & Editorial Mundo Hispano (1993–). Comentario bı́blico mundo hispano Mateo (1. ed., pp. 55–56). Editorial Mundo Hispano.


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